Patrimonio historico



Patrimonio Histórico-Artístico

Los monumentos del Patrimonio histórico-artístico de Orellana la Vieja que se conservan en la actualidad son: el Castillo-Palacio de los Altamirano, el Convento de San Benito y la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción. Otros monumentos han desaparecido, tales como la Ermita de Santo Domingo o la Ermita de San Sebastián.

Monumentos

  • Palacio de los Orellana (o de Los Altamirano)
  • Convento de las dominicas.
  • Iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, del siglo XVI
  • Restos Convento del Paular (ventanal).
  • Casas Arquitectura Popular en c/real, c/palacio y c/orellanita (sin catalogar)

Castillo-Palacio de los Altamirano

Es la más emblemática construcción de Orellana la Vieja y símbolo de su señorío. Los primeros elementos de la primitiva Casa Fuerte datan de finales del siglo XIII. Juan Alfonso de la Cámara recibió en herencia una torre que probablemente construyó su abuelo hacia 1280. El primer documento que se refiere a ella data de 1340, en el testamento del primer señor de Orellana se hace referencia a ella como “la mi cassa fuerte de Orellana”. Igual expresión utiliza su hijo, Pedro Alfonso de Orellana, en 1341, en el documento de fundación del mayorazgo. Se supone que por esa época ya sufrió la primitiva fortificación sus primeras remodelaciones para convertirla en residencia de los señores de Orellana, aún conservando su naturaleza defensiva.
La construcción que hoy conocemos estaba formada por cuatro torres, dos redondas y otra dos cuadradas, unidas por una muralla que delimitaba un recinto cerrado de planta aproximadamente cuadrada, abierto a poniente por su puerta principal, situada junto a la torre albarrana.
No se conocen las sucesivas transformaciones sobre su estructura original, sí se sabe que perdería su carácter defensivo hacia mediados del siglo XVI, convirtiéndose en un hermoso Palacio. En esta época se construye en su interior un magnífico patio porticado, hoy desaparecido, de estilo plateresco, con arcos de medio punto en el piso inferior y arquitrabado en el superior, apoyado por columnas de capiteles jónicos, introduciéndose también los primeros elementos ornamentales y artísticos en el exterior de la construcción, según el gusto renacentista. Probablemente fue el padre de Francisco Becerra, Alonso Becerra, el autor de la remodelación de la fortaleza, por encargo de Gabriel de Mendoza el Viejo.
El documento más antiguo que se conoce del edificio es de 1728, cuando realiza visita de inspección a Orellana el juez trujillano Don Joaquín Antonio de Tapia, con motivo de la petición que hizo el marqués Don Juan Geroteo al rey para que le autorizara a solicitar un censo. Se describen en él determinadas estancias del Palacio: el Archivo, el Cuarto de los Azulejos, bodegas, caballerizas en el patio central, adosadas a la muralla, cocinas, dormitorios... Del informe del juez destaca el deterioro de la edificación. Las obras necesarias se tasan en 21.460 reales, pero no sabemos si llegarían a realizarse, probablemente por el estado de ruina económica del marquesado.
Según cuenta Antonio Adámez, hacia 1898 parece que se empleó a un matrimonio para cuidar la fortaleza, que viviría en el Palacio hasta 1936, fecha en la que serían desalojados para ser utilizadas algunas de sus dependencias como cárcel durante la Guerra Civil. Durante la contienda sufrió el impacto de un proyectil, pero los daños irreparables ya se habían producido. Desaparecieron la fachada donde se abría a poniente una magnífica balconada enrejada al estilo de los balcones trujillanos, los restos de un patio plateresco, el torreón circular situado a la derecha de la puerta principal y de la torre cuadrada. El solar y la piedra serían vendidos más tarde para construir una vivienda particular donde se situaba el patio, hechos que reflejaría después Adelardo Covarsí. Éste hizo, junto al fotógrafo Fernando Garrorena, un viaje hacia 1927 a Orellana la Vieja , en el que pudo comprobar el estado de ruina del edificio, pero también su nobleza, quedando constancia gráfica del mismo. Muñoz de San Pedro, por su parte, citaba el patio como la más artística construcción de la Siberia , y lamentaba la actitud de su propietario que ha destruido gran parte del edificio.
Hoy día se conserva la torre del Homenaje, un torreón circular y otras estancias y restos, entre ellos el escudo de los Orellana con diez roeles, y una inscripción. Los restos que se conservan, una vez donados por su propietario Don Pedro Bañuelos al Ayuntamiento, están siendo rehabilitados por la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, poniéndolos en valor para disfrute de los orellanenses.

Convento de San Benito o de las Dominicas.

Es una construcción del siglo XVI muy interesante, de estilo renacentista. Fue edificado a iniciativa de la propia casa de los Orellana, siendo su fundadora Dª Teresa de Meneses, viuda del sexto señor Don Rodrigo de Orellana. En 1528 Dª Teresa de Meneses obtiene licencia del Obispo de Plasencia para edificar el Convento, aunque tardará unos años en comenzar las obras del edificio en el que vivirán ella y sus hijas, Marina de Meneses y Ana de Sotomayor, que sería priora del Convento. Hacia 1540 la construcción ya se había iniciado, pero tendrán bastantes problemas para su financiación. Por ello, durante unos años viven en condiciones muy precarias ocupando algunas casas del pueblo. A partir de entonces entablan varios pleitos con los Monasterios de San Pablo y Santo Domingo el Real, en Toledo, en los cuales habían profesado como monjas, para la devolución de las cuantiosas dotes que habían aportado al ingresar en ellos, con este dinero se levantó finalmente el edificio.
El convento fue habitado por las monjas de clausura de la Orden de Santo Domingo, que abandonaron el inmueble en 1836, a raíz de la desamortización de Mendizábal.
El conjunto que se encontraba muy deteriorado ha sido rehabilitado y recuperado, una vez adquirida su propiedad por el Ayuntamiento de Orellana la Vieja , ubicándose en la actualidad en el mismo un Centro Cultural, que alberga la Biblioteca Municipal , un Auditorio y una Sala de Exposiciones y de Usos Múltiples. Una parte importante de la restauración se llevó a cabo en 1997-1998 con la Escuela Taller Lacimurga, terminándose las obras por el Ayuntamiento. La restauración de la decoración del trascoro se llevó a cabo con fondos de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura.

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